Llevo en mis manos

la ternura,

el sabor a eternidad,

la dulzura del aire

inventando el frescor

de un beso nuevo,

los matices del alma

rozando tus pupilas.

Y la calma...

La calma ante el precipicio

de encontrarnos capaces

de saltar el uno hacia el otro.

Vivos.

Unicos.

Ardiendo.


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